miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Qué pensó Maduro al enterarse de la muerte de Kluiver?



¿Me conviene políticamente esta muerte?
¿Puedo usar esta muerte para ganar las elecciones parlamentarias?
¿Puedo usar esta muerte para atacar a la oposición?
¿Me conviene políticamente meter preso al asesino de este niño?
¿Podemos usar esta muerte para desviar el tema económico?
¿Puedo usar esta muerte para criminalizar aún más la protesta?
Llamaré a los cubanos, y les pediré consejo.
Oye, estos jefecitos cubanos sí que saben dar consejos, haré lo que me dicen.
Chico, pero también, pensando yo aquí, ¿ese muchacho por qué andaba por ahí solo?
Eso diré, de mi propia inspiración mía de mí: que los padres tienen que cuidar más a sus hijos.

Qué no pensó Maduro, o qué no quiere pensar:

Cuánto dolor, vale, qué desgracia. ¿De verdad vale la pena todo esto? ¿De verdad debo seguir este legado de odio? ¿Será que debo rectificar? ¿Será que de verdad me estoy convirtiendo en un dictador? ¿Será que ya soy un dictador? ¿Será que debo renunciar?...


No, es mucho pedir, demasiado pedir...

viernes, 17 de octubre de 2014

Los escafandristas





Esta es la historia de Marcelino Alfonzo, el jefe de los seis buzos margariteños que en la década de 1930 fueron contratados por una compañía extranjera para recoger madreperlas en el Mar Rojo; aun cuando la obra tiene una tenue base documental, su argumento gira en torno de las implicaciones ficticias que para la vida de Alfonzo tuvo aquella empresa: la búsqueda en el mar profundo de un pasaje hacia antiguos misterios religiosos, anclados en los tiempos cuando apenas se fraguaba la civilización; esa búsqueda constituye, asimismo, un descenso a las profundidades de la psique del personaje, lo cual permite al lector recorrer, de manera simultánea, variados territorios fantásticos: la leyenda del errante Cagliostro, las aventuras del Preste Juan y la aparición de varias entidades sobrenaturales; todo en un empaque poético que nos introduce en un mundo de ensueño que fascinará a quienes se sumerjan en sus páginas  n  Carlos Sandoval


miércoles, 26 de febrero de 2014

ALZAR LA VOZ






María Corina Machado habló ayer. Sí, es una afirmación. Sí habló. ¿Cómo es posible, dirá usted, si la sabotearon? Cierto, la sabotearon, pero María Corina Machado habló porque dejó en claro un punto: que este gobierno es cínico. Que este gobierno habla de paz y no hace nada por pacificar, que este gobierno no quiere absolutamente nada con la paz, con la concordia y con el tan vilipendiando diálogo. ¿Debemos de dejar de hablarles porque con este «gobierno asesino no hay diálogo posible»? Pues no. Debemos seguir haciendo lo que María Corina Machado hizo: ir a hablar en los espacios donde el gobierno esté con el fin de desenmascarar sus mentiras. Señores, es una cuestión de estrategia política y de cumplir con el deber ciudadano. Sí, en este estado de excepción y de caos se debe seguir recordándole a la gente que somos ciudadanos y que tenemos como deber la libertad de expresión, más todavía cuando se nos han cerrado, reducido o ahorcado los medios donde podíamos o donde todavía menguadamente podemos hacerlo. Una vez más, queridos amigos, una cosa es el diálogo falso que el gobierno propone y otra es que los líderes opositores se nieguen a llevar su palabra ante el gobierno, a los sitios donde la palabra debería estar. Si eso no se intenta, pecamos nosotros, los que nos oponemos a este gobierno, de lo mismo. Señores, de nuevo, me creerán iluso, pero insisto en que debe alzarse la voz de los líderes opositores con sus propuestas y sus denuncias. Me dirá usted que el presidente lo que debe hacer es renunciar. Pues aunque se quiera que renuncie, los líderes opositores, repito, deben alzar su voz en los espacios ocupados, robados, expropiados por el gobierno. Al gobierno le molesta que uno realmente quiera, no dialogar, ya que molesta tanto esa palabra, pero sí discutir, exponer, denunciar en los espacios que ellos nos han arrebatado. Debemos asaltar esos espacios con nuestra voz y no como ellos, que han asaltado al país con sus ansias de imponer su mediocre visión de mundo. Ya lo dije antes en otro texto que posiblemente haya sido el hazmerreír de unos cuantos:



«Pero los políticos de oposición sí deben hacerse escuchar, cara a cara por los mandamases. O por lo menos intentarlo, si los otros no lo hacen, si los otros sólo se sientan para seguir mintiendo, pues quedarán aún más en evidencia. ¿Esto no es también una forma de lucha, dejar en evidencia a los cínicos?»



Se debe dejar en evidencia al gobierno en todos, absolutamente en todos los espacios. En la calle, con las protestas, y frente a ellos, cara a cara. María Corina Machado hizo lo correcto. Fue a la Asamblea y habló. Su mensaje quedó más que claro: este gobierno cínico, como los niños más malcriados, se tapó los oídos con los dedos índices y empezó a cantar en voz alta cualquier canción estúpida para no escuchar la verdad. El día que al presidente le toque renunciar, si acaso lo hace, o cuando esto se convierta en algo peor de lo que es y el presidente tenga que salir huyendo del país, o cuando esto simplemente se acabe y el presidente siga hundiendo al país, pues que no le quepa la menor duda a nadie, ni dentro ni fuera del país, que los líderes opositores tuvieron propuestas, denunciaron e exigieron de frente y en los espacios de los mandamases. Que no le quede la menor duda a nadie que se intentó la paz y la mejora el país, pero que el cinismo nunca pero nunca quiso escuchar. No señores, no hablo del diálogo falso y cordial y simpaticón, hablo del deber que tenemos todos, empezando por los líderes de oposición, de alzar su voz frente a la soberbia con denuncias y proyectos de un país mejor. No es el diálogo de ellos del que hablo, yo hablo de nuestra voz, esa que no debe callar y dejar de ser inteligente, y de nuestras acciones de calle, que deben ser también inteligentes, y no cualquier guarimba ahí.

lunes, 24 de febrero de 2014

Yo sólo digo algunas cosas




Quien pide que pensemos un poco más las cosas no está diciendo que no se proteste.  Intentar reflexionar sobre lo que está ocurriendo no quiere decir inacción. Que la desesperación no nos arrebate la cordura, se puede protestar, luchar y todavía tener cordura.

Y está bien, el señor general tiene derecho a defenderse dentro de su casa. Lo que yo creo que no está bien es que volvamos a creer que los militares son los que van a resolver nuestros problemas y que son nuestros patrones de conducta. Eso creo, y si yo pienso distinto a usted, le recuerdo una cosa: usted y yo estamos padeciendo el mismo régimen mediocre. No me convierta, por favor, en su enemigo. Que las diferencias nos acerquen. Yo jamás he sido una persona violenta, no lo voy a hacer a última hora. (Y que queda claro que este señor general sí hizo algo grandioso en otro tiempo y en otro lugar: se negó a gritar la consigna de «Patria, socialismo o muerte». Allí, en su momento, fue un verdadero héroe).

Recalco: que no justifique la violencia no quiero decir que no esté de acuerdo con que la gente esté en la calle. La gente debe estar en la calle, y los políticos de oposición deben acompañarlos, no sólo en la calle, sino con ideas y propuestas.

Pienso que los políticos de oposición SÍ deben sentar a los mandamases. ¿A dialogar, no sé? Los mandamases quizás no quieran «dialogar». Pero los políticos de oposición sí deben hacerse escuchar, cara a cara por los mandamases. O por lo menos intentarlo, si los otros no lo hacen, si los otros sólo se sientan para seguir mintiendo, pues quedarán aún más en evidencia. ¿Esto no es también una forma de lucha, dejar en evidencia a los cínicos?

Por cierto, no entiendo cuál es el problema con la palabra «diálogo». La palabra diálogo no implica que nos sentaremos a querernos. La palabra diálogo incluye discusión en puntos encontrados. ¿Prefieren la palabra «discutir»?

Pero para sentarte a hablar —o a discutir— con alguien, tienes que tener una propuesta. En esa propuesta debemos exigir el respeto por los derechos humanos, eso es prioritario. Pero también debe llevarse una agenda económica que proponga soluciones a nuestro estancamiento, propuestas sensatas y más que obvias, aunque este gobierno que no quiere ver lo obvio nunca haga lo que tiene que hacer. ¿Que qué se logra con eso? ¿Acaso una mala política económica, como la de los mandamases, no atenta también contra los derechos humanos?

Lo digo, ya sin pregunta y con toda responsabilidad: una mala, una pésima política económica atenta también contra nuestros derechos humanos.

¿Soy ingenuo? Sí, quizás lo soy, pero la oposición debe también tener su proyecto económico serio para la mejora de este país, y pronto debe pegárselo por la cara a los mandamases.

¿Ese acercamiento al gobierno implica dejar las calles? No, mientras más cerca estemos de los mandamases, más debemos estar en la calle, hasta que empiecen a notarse los cambios.

Y no creo, lo siento pero no creo, que nuestra consigna sea la exigencia de la salida de Maduro. Maduro es un error, sí, Maduro debería salir, sí. Pero no debemos actuar bajo esa perspectiva. Esos señores tienen mucho poder y no se piensan ir. Como ya dije en otra ocasión: ojalá y me equivoque. Pero pregunto: ¿cómo pensamos que vamos a hacer renunciar a Maduro, con guarimbas? No tenemos armas, no tenemos milicias, no tenemos tanques ni aviones. Y gracias a Dios que no los tenemos. ¿O esperamos que un grupo de militares se pongan de nuestro lado para iniciar una guerra civil? Señores, lo digo de nuevo y para terminar, pensar que los militares resolverán nuestros problemas, es lamentable.

No soy traidor, no soy cobarde, no soy un pelmazo, sólo intento reflexionar (aunque la verdad nunca he sido demasiado inteligente).

Y sí creo que por sus crímenes han de responder, pero la lucha es larga y se requiere inteligencia, y menos arrebato y descontrol.

Un abrazo.

sábado, 15 de febrero de 2014

ARTÍCULO ILUSO Y EQUIVOCADO SOBRE EL PAÍS




Me van a disculpar si me equivoco, si no estoy bien enterado. Me van a disculpar, uno no termina de enterarse de nada, gracias a la censura, a la autocensura, a la hegemonía comunicacional del gobierno.

El asunto es que todo el mundo está haciendo lo que tiene que hacer. Los estudiantes están en la calle, la gente está en las redes sociales y en la calle apoyando a sus estudiantes y los periodistas con conciencia están haciendo lo que mejor pueden. Pero los políticos, ¿qué están haciendo los políticos? Capriles ha preferido no apoyar las iniciativas de López y se ha mantenido cauto con respecto al asunto de las protestas. López propuso, junto con Machado y el siempre sagaz Ledezma, la salida a la calle. ¿Qué salida? ¿Pretende López que la gente tome la calle para salir de Maduro? ¿En verdad cree que con protestas de calle vamos a salir de un hombre que recibió como herencia el poder absoluto de las instituciones del Estado? ¿De verdad vamos a seguir creyendo que aquel que se hace llamar nuestro presidente va a renunciar? Me encantaría que así fuera. Pero pienso que debemos ser más sensatos con nuestras metas.

Si bien fue necesario agitar el avispero de nuestras frustraciones, llegar hasta el extremo para producir una acción —la salida a la calle—, también es cierto que una vez obtenido lo deseado se debe, no bajar las aguas de la pasión, pero sí proponer unir a lo que acontece otras acciones de cara al gobierno. ¿Existe una comisión, una mesa, una grupo de políticos de oposición que en nombre de este sector del país que protesta bajo su venia, tenga un paquete de propuestas, de cambios que presentarle al gobierno. ¿Es iluso esto? ¿También no es iluso decir que salgamos a la calle para activar una salida que nunca ha estado clara? Tenemos líderes, pero nos hacen falta pensadores, estrategas o los llamados «estadistas», como se lo escuché hace poco a la profesora Mercedes Pulido. Escuchas decir que López es «resteao», que López sí tiene «guaramo», y que se será el próximo presidente; y sí, es cierto, López es todo eso, pero López es una fuerza desbocada, unos ojos desorbitados que van hacia adelante, una boca que grita, que vocifera. ¿Y qué más es López, tiene algo más en «la bolita»? Capriles, por su parte, ha preferido la cautela. Digamos que está en su derecho, pero la cautela no debe traducirse en inacción. Tampoco Capriles está proponiendo nada para sentarse a negociar con el gobierno. ¿Es iluso pretender que se puede negociar con el gobierno? Pues esta es la coyuntura para proponer cambios, para iniciar un diálogo —sí, bajo la presión de la calle—en el que el gobierno se vea obligado a participar. Si el gobierno no accede, pues quedará más aún en evidencia, nacional e internacionalmente, su disposición egoísta y dictatorial.

Estar en la calle es magnífico, y me encuentro orgulloso de nuestros jóvenes, de su ánimo libertario. Los estudiantes tienen su cartilla, tienen sus exigencias. ¿Pero nuestros políticos? ¿Como siempre se van a quedar tras bastidores a ver la lucha de los estudiantes y de la gente o, como siempre, van a negociar bajo cuerda para sus propios intereses? Disculpen lo que voy a decir: pero esa gente que está en la calle está sola.

Confundimos gerentes con políticos, confundimos vivarachos con políticos, confundimos gritones con políticos, confundimos resentidos con políticos. Va siendo tiempo que dejemos las confusiones y que los políticos realmente empiecen a hacer política de altura. Por lo menos los políticos que se oponen al régimen, porque los de régimen, ya sabemos, no son políticos ni son gerentes.

López debería dejar de gritar, Capriles debería empezar a hablar, y ambos unidos —ahora es el momento de apartar sus lógicas diferencias y, también, sus lógicos intereses— empezar a presionar al gobierno y a proponerle cambios en su política, a exigir, a negociar. Allí la base de toda cotidianidad política democrática, que en estos muchos años que llevamos de locura no se ha dado: la crítica del opositor, la presión del opositor que obliga a cambios para mejor en el gobierno (la oposición, en democracia, también gobierna). 

Estos políticos de los que hablo, señores, representan a la mitad del país, estos políticos tienen el deber —sí, están obligados a ello— de buscar al gobierno y de sentarlo a una mesa. ¿Iluso yo de nuevo? Quizás, pero estamos en la calle, pasan los días y, o las cosas se pondrán peor y otros, los menos indicados, tomarán acciones; o las cosas se diluirán, se irán apagando, y el gobierno saldrá fortalecido, y seguiremos teniendo escasez, delincuencia, deterioro y agujero negro.

O puede que Maduro renuncie, y entonces tendré que confirmar que me equivoqué.